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mércores, 14 de maio de 2014

RECORDAR EL ORIGEN: PADRE Y MEMORIA, DE FEDERICO CAMPBELL



Federico Campbell dejó un libro póstumo para regocijo de sus lectores: Padre y memoria (Océano, 2014), publicado originalmente por Ediciones Sin Nombre en 2009.
El título recopila 51 gozosos ensayos donde se diserta sobre la relación de un puñado de famosos escritores con sus padres. Asimismo, habla acerca del vínculo entre las neurociencias y la literatura, los sentidos y la memoria.
Si el padre otorga el germen de vida, eso lo convierte en creador. Y la memoria nos vuelve personas, nos crea. Y la literatura, obra de la memoria, es la creación por excelencia. Entonces Campbell, en este libro, a final de cuentas siempre acaba hablando de la creación, implícita o explícitamente.
En una entrevista que me concedió el autor a fines del 2008, me respondió, al cuestionarlo sobre la memoria: “la memoria es nuestra identidad personal (…) pienso que en la capacidad distorsionadora reside el secreto de la creación literaria”.
Ideas desarrolladas ampliamente, claro, en este libro, donde concede brillantísimas páginas a autores como Borges, Cervantes y Rulfo. A este último lo conoció personalmente. De él asevera: “Rulfo era la literatura misma” (p. 77); conclusión a la que llega porque “tuvo que morir (…) para que en retrospectiva me empezara yo a dar cuenta de que su hablar era su escribir y de que, por tanto, nunca dejó de escribir (…)” (p. 258).
Para el tijuanense, “Borges tenía un número finito de temas y obsesiones” (p. 169). Y uno de ellos era, precisamente, la memoria, al que consagró estupendos cuentos, como “Funes el memorioso”, y “La memoria de Shakespeare”, en los que una memoria privilegiada torna nefasta la existencia de sus poseedores.
Mientras que en Cervantes –sostiene- “es tal la libertad de su inventiva que se permitió todo género de digresiones y de ‘novelas dentro de la novela’ ” (p. 114).  En el Quijote “don Alonso Quijano está jugando a ser otro, el caballero andante (…) se hace pasar por loco porque se está entregando a la fantasía que anhelan todos los hombres y por el deseo de vivir otras vidas” (p. 116).
En el texto “Entre la ciencia y la literatura” Campbell afirma: “Una de las cosas que más me han fascinado de las neurociencias en los últimos años es que de pronto un descubrimiento conseguido en el campo de la neurobiología ya había sido entrevisto por la literatura” (p. 69). Cita el caso del neurólogo inglés Oliver Sacks, quien “se mueve dentro de lo mismo que siempre ha llamado la atención de los escritores: la experiencia y la memoria, la percepción y la distorsión del tiempo y del espacio” (p. 82). Añade que sus ‘neurohistorias’ poseen “una amenidad disfrutable por cualquier lector no especializado” (p. 83).
El propio Sacks explica que “toda percepción es una creación, toda memoria una recreación: el hecho de recordar no es sino relacionar, generalizar, categorizar” (p. 83).
Tarea en la que Proust era un experto: “no es extraño que neurólogos como Gerald Edelman o Israel Rosenfield reconozcan que Marcel Proust fue quien mejor llegó a imaginar cómo se mueve la memoria” (p. 91); esto, debido a que “intuyó cómo funciona la memoria y altera –o colorea de  otra manera- la materia recordada” (p. 94). Para Campbell, el secreto del novelista francés consiste “en que para recordar algo tenemos que recordarlo mal. Luego está la función del olvido, indispensable para pensar. Para editar el pensamiento. Olvidar es tan importante como recordar” (p. 96).
En cuanto al tópico paternidad-literatura, atisba una iluminación, que bien puede resumir la esencia de la obra: “A lo largo de la vida uno emprende –como Juan Preciado que se dirige a Comala para encontrar a Pedro Páramo- la búsqueda del padre, pero más o menos a la mitad del camino de la vida uno recrea, reconstruye al padre que le faltó. Tal vez la escritura no sea sino un esfuerzo por resarcir la figura del padre perdido” (p. 42).

Elena Méndez
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Federico Campbell,
Padre y memoria,
Editorial Océano,
Col. Océano Exprés,
México, 2014,
280 pp.

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