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diumenge, 22 de maig de 2016

POESÍA PERCUTIDA: BALACERA, DE ARMANDO ALANÍS PULIDO



Disparo al aire una confesión: nací y vivo en Culiacán, Sinaloa, ciudad considerada cuna del narcotráfico y de la narcocultura.  Sé lo que es despertar de madrugada, escuchando a lo lejos (o ahí nomás, a la vueltecita) el infame estruendo de una cuerno de chivo. Me avergüenzo de las cruces que se alzan por mi capital, delatando cada ejecución, esparciendo el olor a pólvora y muerte.
Por eso celebro que Armando Alanís Pulido, nativo de Monterrey, Nuevo León -otra conflictiva metrópoli norteña-, haya publicado Balacera, obra en que responde cada detonación escuchada con versos del más grueso calibre.
Alanís, creador del proyecto Acción Poética -consistente en pintar bardas públicas con fragmentos poéticos- explica en este libro cómo la violencia en su urbe le obligó a replantearse dicho proyecto; a “tratar de recuperar las calles, las plazas (…) con un arma cargada de futuro, con versos, con poesía” (p. 91).
Así, en Balacera rafaguea al lector con 67 textos, precedidos por un certero prólogo de su colega Jorge Fernández Granados, quien califica esta obra como un “libro sarcástico, hondo e inteligente” que parte de “la violencia como código ya colectivo” (p. 13). 
Ante un panorama tan desolador, resulta inevitable ser pesimista: “Uno cosecha lo que siembra: hierba, terror, indiferencia,/ y lo peor es que no son advertencias, son el notorio/desastre de nuestras almas” (p. 31); “corta y triste es nuestra vida,/ no hay remedio, ni rumbo, no hay nada justo en este asunto”(p. 32).



Por demás ingenioso resulta el poema “Examen de conciencia (o de confianza, qué más da)”, en cuya primera parte se conmina al lector a relacionar unas palabras con otras, para formar así unas rimas. Y ahí es donde lo lúdico se funde con lo trágico. Porque se topa uno con que “gobierno” rima con “infierno”; e “institución” rima con “corrupción, ejecución” (p. 58).
Hay una subversión del locus amoenus, una antiutopía, en  el apartado “Chulas fronteras”, donde se dedica un poema a cada una de estas urbes: Ciudad Juárez, Matamoros, Tijuana, Laredo  y Reynosa. Cito íntegro el de Tijuana: “Dura patria, permite que en cobijas te envuelva/ y que la música de las balas lo resuelva/ porque lo sabes: me madreaste por entero/ con golpes tendenciosos de los fusiles/entre llantos y gritos de los civiles/y batos de oficio pozolero” (p. 68).
Hay testimonios de desesperado fervor: “Líbranos del mal hábito de la negociación./No trajimos chalecos, pero estamos cerca…/Amedrentados están, culeados están. Amén.” (p. 60); de cínica vanagloria: “saben que yo controlo la zona/y que la chota me conoce y halconea/y me da el pitazo cuando es necesario,/saben que soy tan agradecido como agresivo./En estas calles me dejan ser, en estas calles distribuyo” (p. 38).
Hay una añoranza: “Yo recuerdo cuando el mundo no estaba marcado por el/número de ejecutados” (p. 103).
Hay una desazón: “Un dolor inexplicable en el centro de la existencia: el/alma, el pecho, el corazón, el cerebro, el honor…” (p. 104).
Hay la certeza de que el lenguaje está “tan sacrificado como la familia del sicario” (p. 108).
Hay un cuestionamiento que lo involucra, en medio del terror nuestro de cada día: “¿Para qué sirve un poeta?” (p. 113).
Pero, también, hay un deseo del deseo: “Mejor el estruendo de tus caricias” (p. 98); hay un manifiesto vital que amerita ser citado completo: “La costumbre despiadada”: “Tengo la costumbre despiadada de escribir a quemarropa, de pensar en voz alta.// de dormir poco y soñar mucho, de merodear instintos…// Tengo la costumbre despiadada de pensar que también estamos expuestos al amor” (p. 110).
Hay, por encima de todo esto, una esperanza del Poeta de las Bardas: “que sólo la poesía dé en el blanco”.
Esperanza compartida por sus numerosos lectores, al grado de que Balacera ya cuenta con su primera reimpresión.
Balacera: Poesía percutida que atraviesa el alma.
Elena Méndez

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Armando Alanís Pulido,
Balacera,
Col. Marginales,
Tusquets Editores,
México, 2016,
126 pp.
 

EVOCAR LA PLENITUD: MACHO VIEJO, DE HERNÁN LARA ZAVALA



Hernán Lara Zavala (Ciudad de México, 1946) es un narrador que se regodea en las palabras, extrayendo de ellas lo lúdico, lo lírico, sin dejar de lado el poder de una trama atractiva.
Con su novela histórica Península, Península (2008) -donde aborda la llamada Guerra de Castas que se dio en Yucatán durante el siglo XIX- resultó doblemente galardonado: amén del Premio Ciudad de México Elena Poniatowska 2009, obtuvo el Premio Real Academia Española 2010.
Macho Viejo (Alfaguara, 2015), su tercera novela, es una obra que se sujeta al aforismo de Baltasar Gracián: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, ya que se lee de una sentada y consigue mantener al lector pendiente de la próxima andanza del protagonista.
Como bien se aclara en una nota al final del libro, se trata de una historia basada en los tres volúmenes autobiográficos del fenecido Roberto Cortés Tejeda, alias el Viejo, figura local de Puerto Escondido, Oaxaca.
Lara Zavala, con su peculiar olfato para detectar lo novelable, se apropia del personaje, cambiando su nombre y el del lugar. Condensa e hila las diversas anécdotas, otorgándoles un carácter épico.
Ricardo Villamonte, joven médico defeño, se instala en Puerto Marinero, donde logra adaptarse al entorno costeño. Ahí es conocido como el Viejo o Macho Viejo, dada su canicie prematura.
Villamonte se hace respetar por los lugareños, a quienes ayuda a mejorar sus condiciones de vida.
Ya convertido de verdad en todo un Macho Viejo, el protagonista realiza una evocación de su plenitud vital mediante una serie de episodios que lo marcaron: su intervención en el alumbramiento de una pequeña; su amistad con animales silvestres a quienes salva y a los que, cual moderno Adán, nombra: Ciro, el pelícano; Isaías, el pargo; Lucero, la cervatilla; su mediación en conflictos de borrachos; las escapadas amorosas con audaces nativas…


El autor intercala hábilmente pasajes tiernos, lúbricos, delirantes, jocosos y reflexivos: muestra al doctor Villamonte conmovido al atestiguar el nacimiento de tortugas marinas; perdido en el paroxismo de una fresca piel que lo seduce, siendo él ya muy mayor; cautivado ante la inesperada forma que cobra el espíritu de su amada Rosa en plena noche de Difuntos; estupefacto de la tragicómica situación del Gavilán Pollero, donjuán caído en desgracia; absorto ante la epifánica contemplación de la Vía Láctea.
Hernán, hombre agradecido y amistoso, rinde un homenaje al padre de su esposa Aída, el doctor  Víctor Manuel Espinosa, quien atiende al Macho Viejo, ya anciano y preocupado por malestares recurrentes.
La filosofía vital del personaje –en la cual atisba la del propio autor, según ha declarado-  jamás raya en la moralina. Cito verdaderas joyas, en las que se diserta sobre el amor, la amistad, la muerte, la vida misma: “(…) no existe mejor prueba de que amas a una mujer que desear permanecer a su lado después de hacer el amor sin aburrirte ni querer huir, con el deseo de seguirte comunicando con ella para saber qué pasa por su mente en busca de la comunión interna” (p. 141); “(…) la amistad es un arte, y un arte muy delicado (…)”  (p. 136); “los muertos sólo vuelven a nosotros en el recuerdo de los afectos perdidos” (p. 125); “Lo único que perdura en esta vida y nos justifica ante ella es la constancia, la entrega y la intensidad de nuestros afectos y nuestras convicciones” (pp. 142-143).
Macho Viejo bucea en sus adentros para meditar sobre la soledad:  “Nunca estoy menos solo que cuando estoy solo, porque es entonces cuando me permito volver al pasado y a los recuerdos (…) La soledad, como decisión personal, puede ser agradable, pero la soledad obligada resulta dolorosa (…) acaso la soledad más terrible es la inmensa soledad de los viejos: No me llores pobre, dice el dicho, llórame solo.” (pp. 143-144)
Macho Viejo: una novela muy disfrutable sobre un corazón generoso que nunca supo arredrarse ante nada.
Elena Méndez

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Hernán Lara Zavala,
Macho Viejo,
Alfaguara,
México, 2015,
152 pp.
 

dilluns, 9 de maig de 2016

OSCURA FANTASÍA: PANDORA, DE LILIANA V. BLUM



¿Acaso el amor no es rendirse a la voluntad del otro? Fue algo que me hizo cuestionarme Pandora, segunda novela de Liliana V. Blum (Durango, 1974).
La autora reitera su gran capacidad para mantener al lector en vilo mediante historias no convencionales, de situaciones-límite que alteran la de por sí frágil existencia de los personajes.
En esta novela, Pandora, recepcionista treintañera con obesidad mórbida, sólo conoce un placer en la vida: comer, al que se consagra con mayor razón al quedar huérfana de padre, la única persona de quien recibía afecto.
Ya nadie puede defenderla de la tiranía de su madre y el sadismo de su hermana, obsesionadas con la belleza y la perfección y siempre dispuestas a ridiculizarla.
Con el duelo reciente y la autoestima por los suelos, nunca imagina que desatará la pasión de Gerardo, un guapo y afamado medico que aparentemente tiene todo para ser feliz: hogar, prestigio, dinero.
Sin embargo, el apuesto médico guarda un secreto: Ha cultivado durante años una parafilia consistente en sentirse atraído por mujeres excesivamente gordas.
Así, encuentra en Pandora a la persona en quien satisfacer su oscura fantasía.
Le plantea un extraño pacto: Él la alimentará y ella se dejará engordar al infinito.
Pese a las iniciales reticencias de la chica, logra convencerla, diciéndole justamente lo que ella desea escuchar: "Mientras más haya de ti, más voy a quererte" (p. 171).
Tanta felicidad no pasa inadvertida a los ojos de Abril, esposa del especialista, quien ha desarrollado una fuerte codependencia hacia su pareja.
Abril, temerosa de que la engañe al no considerarla deseable, se torna anoréxica, alejándolo aún más.


Tal como su rival, pero aún más vulnerable, Pandora desarrolla también una enorme codependencia hacia el médico, por cuyo amor ha renunciado al mundo.
Carente de toda voluntad y, no obstante, libre de temores ante un hombre al que ha endiosado, Pandora no alcanza a vislumbrar la catástrofe que se avecina.
Blum, narradora impía, avasallante, plantea, de un modo exquisito, lo que puede ocurrir al rendirse a las fantasías que se han guardado tanto tiempo bajo llave.
Esas que, cuando afloran, despliegan una miseria interior irremediable.
Elena Méndez

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Liliana V. Blum,
Pandora,
Col. Andanzas,
Tusquets Editores,
México, 2015,
242 pp.