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domingo, 4 de marzo de 2018

VIDAS FRAGMENTADAS: MESTIZAS, DE AFFINITY KONAR



Uno podría pensar que ya se ha escrito lo suficiente sobre la Segunda Guerra Mundial, sobre los nazis, sobre Auschwitz. Pero son infinitas las historias, como infinitos fueron los padecimientos de sus víctimas. El asunto, claro, es cómo abordar el tema sin caer en maniqueísmos.
Mestizas, de Affinity Konar, es una novela que sale más que airosa de ese desafío. No sólo cuenta con personajes verosímiles, bien construidos, llenos de matices, sino que sabe mostrar la belleza que hay en el mundo aun en medio del horror.
La autora declara, en su página oficial, ser una judía polaca cuyo abuelo sirvió en la Segunda Guerra Mundial, así que creció escuchando anécdotas al respecto; asimismo, que a los dieciséis años ella leyó una obra titulada Children of the flames, de Lucette Lagnado y Sheila Cohn Dekel, que le hizo desear escribir sobre este amargo episodio de la humanidad.
Las ‘mestizas’ son Stasha y Pearl, mellizas idénticas, judías polacas en la pubertad. Han sido felices al lado de su padre, su madre y su abuelo paterno. Pero su origen y su condición de gemelas las condenan a un terrible destino: ser conejillos de Indias del doctor Josef Mengele, “el Ángel de la Muerte”.
Mengele, como estudioso de la herencia genética, estaba obsesionado con analizar todos los casos posibles de nacimientos múltiples y de personas con características anómalas, en su afán de contribuir a la ansiada ‘raza aria’ para el delirante proyecto del Tercer Reich.
Stasha y Pearl alternan sus testimonios, de manera que sus perspectivas se van complementando o contradiciendo. Así, narran los supuestos privilegios que ‘el Tío’ –como se hace llamar el siniestro médico- les promete a cambio de prestarse a los experimentos; el martirio de verse mermadas física y espiritualmente; la rapiña que se suscita entre los mismos prisioneros, que no tienen compasión ni de los cadáveres; las macabras diversiones que ingenian los niños; la incertidumbre al verse separadas, fragmentadas…
Konar se muestra ampliamente documentada al mencionar casos verídicos muy específicos, como el de los gemelos que fallecieron gangrenados al suturárseles por la espalda para convertirlos en ‘siameses’; o el de la familia de artistas liliputienses que servían como bufones para los nazis.
La obra cuenta con personajes secundarios que cobran una grandeza insospechada, como la albina Bruna, un personaje rebelde y picaresco, que toma a las gemelas como protegidas; Paciente Número Azul –o Feliks-, un niño ‘fenómeno’,  gran aliado de Stasha cuando todo se complica; la doctora Miri, a quien Pearl le toma enorme afecto al entender sus razones íntimas; el enano Mirko, que muestra una nobleza que nadie imaginó….
Si bien la lectura tiene un ritmo fluido, conviene demorarse para apreciar mejor el lenguaje pulido, las hermosas imágenes, la filosofía que estas páginas rebosan: “las horas del superviviente son distintas a las de cualquier otra persona, y cada minuto de ellas responde a una historia que no puede ser cambiada ni restablecida ni convertida en algo soportable”; “cuando el mal ha hecho lo que le place con nosotros, no siempre podemos saber quiénes somos, en qué podríamos convertirnos, de qué acciones seremos capaces”.

Mestizas: una novela que conduce al lector de la devastación a la esperanza.

Elena Méndez

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Affinity Konar,
Mestizas (título original: Mischling),
Traducción: Fernanda Melchor,
Col. Hotel de las Letras,
Editorial Océano,
México, 2017,
464 pp.
 

domingo, 25 de febreiro de 2018

LEONORA, LA GRAN REBELDE, LEONORA CARRINGTON. UNA VIDA SURREALISTA, DE JOANNA MOORHEAD



Leonora Carrington (Lancashire, 1917-Ciudad de México, 2011) fue una gran rebelde durante los casi 100 años que duró su vida. Insumisa irredenta, su nombre era tabú dentro de la familia que abandonó en pos de la libertad y el amor. Ingobernable, supo desafiar cada encrucijada que se le presentó, a pesar del miedo. Tuvo la dignidad y entereza de sobreponerse a sus desgracias. Fue consecuente con sus deseos y siempre se obstinó en ser libre, en ser ella misma pese a los continuos desarraigos, en nadar a contracorriente si era preciso. Le dio un toque personalísimo al surrealismo, un aire ‘críptico-confesional’, lleno de misterios transparentes.
Para homenajearla en el centenario de su natalicio, su prima Joanna Moorhead, periodista del diario británico The Guardian, ha lanzado la biografía Leonora Carrington. Una vida surrealista, donde revela aspectos muy íntimos sobre la afamada artista, despertando en el lector una profunda empatía hacia ella.
Desde el principio, uno sabe que se encontrará ante una historia entrañable: “Se llamaba Prim y abandonó nuestra familia un día de otoño de 1937, cuando solo tenía veinte años. Había sido una criatura imposible: una chiquilla indómita, una niña indescifrable, una joven que nunca se dejó gobernar y que, por fin, después de sembrar más caos del que habría sido concebible e cualquier familia, dio un portazo y se perdió en el horizonte”.
Moorhead refiere las remotas murmuraciones sobre su lejana parienta, a quien recordó al conversar con una historiadora del arte durante un convivio informal. El saber lo importante que había llegado a ser la legendaria Prim –apodo familiar que significaba “primor”- la impulsa a contactarla. Narra las vicisitudes que pasó para dar con ella, que, por fortuna, se dejó encontrar. Es así como, durante los últimos cinco años de vida de Carrington, entablaron una complicidad que cimbraría a la autora, pues tuvo el privilegio de asomarse a aquel universo creativo y vital, guardado tan celosamente.
Pese a las dualidades en que se vio inmersa –intencionalmente o no-, Leonora procuró ser consecuente consigo misma. Osciló entre la precariedad y el mecenazgo, el reconocimiento y el anonimato, la locura y la lucidez.
Alegorizó su infancia, sus temores, sus esperanzas, la mitología celta que se le transmitió por vía materna, creando un lenguaje inconfundible.
Ante Carrington era imposible mostrarse indiferente, no sólo por su portentosa belleza física, sino por su fuerte carácter y sus inquietantes creaciones artísticas que abarcaban el performance –del que fue precursora-, la pintura, la escultura y la literatura.
Como bien apunta su mecenas y amigo Edward James –artífice del palacio surrealista de Xilitla-, si bien en un principio Leonora le había resultado “una mujer altiva, frágil, ingeniosa pero ligeramente arrogante (…) una intelectual inglesa despiadada que renegaba de la hipocresía de su país natal, de los miedos burgueses y de la falsa moral de su educación convencional e infancia protegida”, luego cambia de opinión: “es tímida (…) y tiene una gran humildad interior. Casi siempre anda escasa de dinero y sin embargo, su marido y ella siempre están dispuestos a ayudar a artistas en apuros”.
El marido al que alude es el húngaro Chiki Weisz, padre de sus hijos Gabriel y Pablo. Él fue su remanso de paz tras sus tambaleantes relaciones con el surrealista alemán avecindado en Francia, Max Ernst, y el diplomático y poeta mexicano Renato Leduc.
Otra presencia importante en la vida de Leonora fue la pintora española Remedios Varo, a quien conoció ya instalada en México y que llegó a ser, más que su anfitriona, su ‘hermana’. Aunque el público medianamente enterado suele confundir las obras de ambas, la diferencia fundamental estriba en que “si Remedios era una ilustradora, una intérprete, una pintora de la realidad-aunque en ocasiones esta fuera mágica-, Leonora era pasión desatada, libre de reglas, y su obra refleja el caos, las paradojas y contradicciones del universo hasta sus últimos confines”.
Para su hijo Gabriel era fascinante verla en pleno proceso creativo: “Diferentes objetos cobran vida como si siempre hubieran estado allí, habitando ese espacio con sus propias pasiones mitos y leyendas, un lugar donde cualquier representación de nuestros cuerpos puede por fin existir, lejos de nuestro marco mortal y en un lugar inventado por la pintura misma”.

Una anécdota pinta de cuerpo entero a una Leonora negada a la notoriedad. Como explica Moorhead: “Un día teníamos que ir a un almuerzo de relumbrón en el Centro Histórico de Ciudad de México; todos los grandes nombres del mundo del arte estarían allí y yo iría acompañando a Leonora. Me hacía ilusión; me compré ropa para el evento y llegué a su casa temprano. Me la encontré fumando un cigarrillo en la mesa de la cocina y con una sonrisa de oreja a oreja. ‘Buenas noticias’-me dijo-. Acaban de llamarme para decir que no tengo que ir. ¿Vamos al Sanborn’s?’”.
Carrington estuvo siempre inmersa en una búsqueda existencial rebosante de innumerables aventuras. La última de ellas, que asumió con gusto, fue la vejez. Se alegró de que quedara atrás su lozanía. “Su aspecto físico la había hecho destacar, atraer miradas cuando habría preferido ser anónima. La belleza, escribió, había sido ‘una responsabilidad más’.
Su avanzada edad tenía la enorme ventaja de “la liberación de una etapa de la vida sin las complicaciones que trae consigo las relaciones amorosas (…) estar enamorada también había resultado una carga. Las historias de amor eran absorbentes, exigentes, algo que distraía la atención; en ocasiones le servían de inspiración, en otras la limitaban”.
Leonora Carrington. Una vida surrealista es un acercamiento a una mujer mágica que se las arregló siempre para honrar a la libertad.
Elena Méndez


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Joanna Moorhead,
Leonora Carrington. Una vida surrealista
(Título original: The surreal life of Leonora Carrington),
Traducción: Laura Vidal,
Col. Turner Noema,
Turner Publicaciones,
Madrid, 2017,
232 pp.




BESTIARIO YONQUI, CUENTOS DE HADAS PARA NO DORMIR, DE ARTURO J. FLORES



Al leer Cuentos de hadas para no dormir, de Arturo J. Flores (Ciudad de México, 1978), uno se queda con la sensación de hallarse ante un bestiario yonqui. El volumen, subtitulado La trilogía completa, reúne relatos de sus libros Martini para suicidas y otras historias eróticas de sangre, vampiras y rock and roll, Como una sombra vil. Macabras fantasías de muy altos decibeles y del título homónimo.
¿Por qué un bestiario yonqui? Porque en muchas de las historias aparecen personajes que se transforman o identifican con animales, e, incluso, animales que se comportan como humanos. Y porque eso ocurre, generalmente, mientras se hallan bajo los efectos de las drogas, que alteran aún más sus vidas al límite.
La variada fauna incluye –por citar algunos- un hombre-perro, dos mujeres-gato, una mujer-pájaro, diez mujeres-unicornio, un dragón con penas de amor.
La apariencia y comportamiento de los personajes sirven para alegorizar lo que hay de salvaje, de primitivo, en ellos. Así, se rigen por el instinto, más que por la razón, y son capaces de atacar si es preciso.
La territorialidad es, también, una característica de estas singulares bestias. Pues el hombre-perro de “Como una sombra vil” descubre que ha sido desplazado y, a su manera, desafía a su rival. Pero también, aunque no exista una transfiguración de por medio, la territorialidad se manifiesta; caso de “Sin sexo, ni drogas ni rock and roll”, donde la protagonista desvaría de celos al relacionar un tatuaje de su compañero sentimental con la guitarra que guarda y que lleva grabados, justamente, el mismo trébol y el mismo nombre: “Angélica”.

Flores no sólo es narrador, sino que también ejerce el periodismo musical (enfocado en el rock), hace stand-up comedy y funge como editor de la revista erótica más famosa del mundo. Por eso hay un humor negrísimo, música para viajarse, cachondeces y guarradas conviviendo con lo fantástico, lo insólito, lo inesperado. Esto último puede remitir al imaginario presente en Humo y espejos, obra cuentística de Neil Gaiman.  
Se plantea toda una “filosofía erótica”: “Las chicas que sienten repulsión por el esperma se asquean también del amor y todo lo que pueda echar raíces dentro de ellas”; “El único puente entre la vida y la muerte, entre la masturbación y el fin del mundo, es el orgasmo”, reflexiona el protagonista de “El exterminador de ángeles”. Este es uno de los mejores relatos del volumen, al igual que “Cónclave de unicornios”. En ellos, los protagonistas masculinos buscan en sus numerosas parejas algo que los rebasa y literalmente, los hace ‘morir en el intento’. Además, en ambos textos se cuelan traviesos guiños a la personalidad del autor.
Otros textos interesantes son “Las hijas de Dios también son DJ’s”, “Martini para un suicida” y “Muerte blanca”. En el primero, hay una asesina serial lésbica, embriagada en su narcisismo; en el segundo, un tipo ‘padrotea’ a una groupie de la que está enamorado; y en el tercero es donde con mayor claridad se le hace justicia al título que engloba las treinta y nueve historias aquí reunidas. En él, se subvierte lo que el lector común conoce como Blanca Nieves, dándole un giro tan terrible como el que el mencionado Gaiman le da precisamente a dicho tema en su “Nieve, cristal, manzanas”.
Cuentos de hadas para no dormir: un divertimento delirante que se las ingenia para dejarlo a uno pensando.

Elena Méndez

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Arturo J. Flores,
Cuentos de hadas para no dormir,
Col. Libro de autor,
Proyecto Literal,
México, 2018,
250 pp.