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luns, 21 de marzo de 2011

REVOLUCIÓN QUE DEVORA: SIGLO DE UN DÍA, DE EDUARDO LIZALDE

Eduardo Lizalde (Ciudad de México, 1929), es acaso el poeta mexicano más importante en la actualidad. Sin embargo, su faceta como narrador también es digna de destacarse. Prueba de ello es su novela Siglo de un día, que fuese originalmente por entregas en El Nacional y luego por este mismo diario en coedición con Vuelta.

Ahora, la novela aparece –reelaborada y pulida- bajo el sello de Jus, que así se une a la conmemoración del primer Centenario de la Revolución Mexicana, episodio histórico abordado en ella.

No obstante el acontecimiento que da pie a esta obra, Lizalde niega que se trate de una “novela histórica”. Más bien, retomando la idea del fallecido Luis Ignacio Helguera, se trata de un “fresco histórico-familiar; en ella, el autor realiza un ajuste de cuentas con su herencia familiar, según ha declarado.

Siglo de un día gira alrededor de la célebre Toma de Zacatecas por Francisco Villa, realizada el 23 de junio de 1914, y cómo ésta fue vivida por los habitantes de dicha región, quienes, al pasar los años, recrean obsesivamente las historias suscitadas luego de aquella batalla.

Como bien apunta el autor, la mayoría de los personajes son reales; caso de Claudio, el protagonista, que tras sus iniciales fantochadas –se disfraza de villista, lo que casi le cuesta el fusilamiento- se transforma en un verdadero revolucionario, herido de guerra y enamorado sin esperanzas.

La trama se centra en un puño de personajes emparentados o afines, como el ya citado Claudio y sus inolvidables tíos, las puritanas Elena y Luisa, el mitómano Palemón y su primo Juan Ignacio, socarrón y aficionado a la ópera.

Ambos primos pertenecen a una tertulia de sabihondos, integrada, asimismo, por don Prócoro, nostálgico del porfirismo; el Profeta, anarquista y coprolálico; y el profesor Quiroz, incansable grafómano; sus reuniones, fermentadas por el alcohol, resultan siempre polémicas, debido a sus choques ideológicos.

La Revolución no es más que un caos, según el coronel Sánchez, feroz anticarrancista: mientras “Villa anda gastándose enormes cantidades de bilimbiques que imprime sin ton ni son en Chihuahua” (p. 59), “ (….) Zapata no sueña más que en el cuento de hadas de su paraíso terrenal del sur” (p. 60).

Como refieren amargamente la tía Elena: “¡Cuándo terminará esta locura! (…) Ya no sabemos quién dirige la ciudad, ni el país… Salen los zapatistas, entran los obregonistas, se van los carrancistas para Veracruz, que viene Villa, que ya vuelve Obregón” (p. 137); y el profesor Quiroz: “(…) estamos perdiendo la comida y la fe, el cuerpo y el espíritu. El pueblo se muere de hambre, de odio y de desconfianza. Se muere de rencor…” (p. 183).

En resumidas cuentas , según la percepción popular, “Todo había ocurrido para siempre el mismo día de la maldita batalla del 23 de junio del 14, por lo visto” (p. 409).

Las diversas anécdotas, laberínticas por interminables, aderezadas convenientemente por propios y extraños, van desde lo picaresco (cuando Villa ordena el fusilamiento de los soldados briagos) hasta lo romántico (la melancolía infinita de Georgina Amparo, la pretendida de Claudio), pasando por lo realista (Silvia muere, al marcharse don Lauro) y la caballería andante (el rescate de Sobreausencia, apodada la Gorgona).

Resulta deliciosa, también, la tentativa novelística del profesor Quiroz, que hace una alegoría de los desmanes revolucionarios en el relato intercalado – a la manera cervantina- “El Pariente Herculano”, temido cacique, implacable paterfamilias; texto donde no se escapan de ser satirizados aquellos habitantes del pueblo que dan de que hablar.

Destacan, entre los aciertos de la obra, los siguientes: su exquisita polifonía, el hábil manejo temporal y el enorme bagaje documental en que está apoyada.

Por tratarse de una novela “bastante chismosa” –como señala Felipe Garrido- sus 492 páginas se leen de balazo.

Elena Méndez

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Eduardo Lizalde,

Siglo de un día,

Col. Contemporáneos,

Editorial Jus,

México, 2010,

492 pp.

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