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sábado, 9 de xaneiro de 2010

CORTÁZAR ENCONTRADO: PAPELES INESPERADOS, DE JULIO CORTÁZAR


Julio Cortázar (Bruselas, 1914-París, 1984) era un gigante que nunca dejó de crecer. Tras 25 años de haberse mudado a su cielo –el otro cielo- rayueliano, sigue creciendo como escritor; prueba de ello es la considerable cantidad de manuscritos recién hallados en una cómoda por Aurora Bernárdez, su viuda y albacea literaria.

Dichos hallazgos se han recopilado en Papeles inesperados, cuya edición fue realizada por la propia Bernárdez y Carles Álvarez Garriga.

Los textos, ya sean inéditos o publicados pero dispersos, forman un conjunto misceláneo imprescindible para todo lector deseoso de ahondar en los orígenes y devenir del Enormísimo Cronopio.

Así, lo mismo podemos hallar al poeta melancólico que al narrador de lo insólito cotidiano; al crítico de arte que al defensor de los Derechos Humanos…

Esta última faceta del argentino resultó determinante en su vida, ya que él decidió establecerse en Francia debido a su desacuerdo con el régimen imperante en su país.

Cortázar, consecuente con sus ideales, no sólo se limitó al autoexilio o al mero discurso, sino que también formó parte del Tribunal Bertrand Russell II, al que inmortalizara en Fantomas contra los Vampiros Multinacionales; institución que –entre otras cosas- “condenó moral e inapelablemente a las dictaduras del Cono Sur en el período 1973-1976 (p. 319)”.

En aquellos tiempos se sostenía una fuerte discusión acerca de la literatura comprometida, entendiendo esto como aquella que avalara un determinado régimen político; en este caso, el socialismo.

Cortázar no estuvo exento de tal polémica, ante la cual declaró con vehemencia: “(…) el compromiso del escritor es esencialmente el de la literatura (…) esta sólo incide de veras en un proceso liberador cuando a su vez funciona como revolución literaria, entendiendo por eso cosas tales como la experimentación, invención, destrucción de ídolos (…) todo ello sin perjuicio de que el lector incursione poco o mucho en la temática específicamente ideológica y política de la causa” (p. 341)

Distintos, aunque también interesantes, son aquellos escritos líricos o narrativos que se han rescatado, en particular los segundos, donde destacan textos de/sobre el Libro de Manuel, Rayuela, Un tal Lucas e Historias de cronopios y de famas, estos dos profundamente irónicos e hilarantes.



Líneas arriba se calificó al argentino como “narrador de lo insólito cotidiano”. Su preocupación estética y su afán de comprometerse con la literatura para así crear una revolución lo hicieron relacionarse con otras artes, como la fotografía, a la cual dedica el ensayo “Ventanas a lo insólito”, donde sostiene: “Como en la vida, lo insólito puede darse sin nada que lo destaque violentamente de lo habitual” (p. 420); y, más adelante: “Todo fotógrafo convencional confía en que sus instantáneas reflejarán lo más fielmente posible la escena escogida, su luz y sus personajes y su fondo. A mí me ha ocurrido desear desde siempre lo contrario, que bruscamente la realidad se vea desmentida o enriquecida por la foto (pp. 421-422).”

Esta experimentación queda manifiesta en sus libros La vuelta al día en 80 mundos y Último round (1969), libros-collage, comunión de la palabra y la imagen icónica.

Resultan bastante curiosas dos afirmaciones que Cortázar hizo públicamente y que se incluyen aquí: el definirse a sí mismo como un “aficionado” y su descreimiento acerca del Boom -del que era considerado integrante-: “el supuesto ‘boom’ de nuestras letras no equivale de ninguna manera a cualquiera de los grandes momentos de una literatura mundial, digamos la del Renacimiento en Italia, Francia e Inglaterra, la del Siglo de Oro en España o la de la segunda mitad del siglo en Europa Occidental (p. 242).”

Gozoso hasta el delirio es el Cortázar encontrado en estos Papeles inesperados: el experto aficionado, el creador revolucionario…

Elena Méndez

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Julio Cortázar,

Papeles inesperados,

Edición de Aurora Bernárdez y

Carles Álvarez Garriga,

Alfaguara,

México,

2009,

488 pp.

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