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venres, 9 de outubro de 2009

DE NORTE A NORTE LA GUERRA: LOS PUENTES DE KÖNIGSBERG, DE DAVID TOSCANA

2009. 70 años han transcurrido ya desde el inicio de la II Guerra Mundial, acontecimiento que cambió la historia de la humanidad al suscitar importantes transformaciones políticas, económicas, sociales, geográficas, entre otras.
Dicha guerra culminó en 1945, año en que David Toscana (Monterrey, 1961) sitúa su novela Los puentes de Königsberg.
Königsberg, actualmente Kaliningrado, formaba en ese entonces parte de la región septentrional de Prusia, estado que habría de desaparecer.
Toponímicamente, Königsberg significa "Monte Real" lo que marca una relación con Monterrey, ciudad presente en todas las obras toscanianas.
Además de la sempiterna obsesión del autor por su lugar de origen, en este libro encontramos los visos onettianos y cervantinos que caracterizan su estilo. Onettianos, por el absurdo a que parecen estar condenados sus personajes; y cervantinos, porque estos mismos personajes son tan idealistas como el Quijote, cuyas batallas están perdidas de antemano.
La estructura de la novela es compleja, ya que no sólo se juega con la espacio-temporalidad, sino que existen dos voces narrativas: una en tercera persona y otra más, la del narrador protagonista, Gortari.
Este chico se esfuerza en resolver un problema matemático, el de los puentes de Königsberg, ciudad cruzada por 7 puentes que conectan dos islas atravesadas por el río Préguel.
El dilema, creado por el suizo Leonhard Euler, consiste en recorrer todos los puentes sin pasar por ninguno dos veces.
El empecinamiento de Gortari en resolver el problema va más allá de un promedio elevado, ya que le sirve como pretexto para acercarse más a su maestra, Andrea, una mujer de carácter férreo, quien le advierte que carece de solución.
La maestra utiliza el dilema para hacer partícipe al chico sobre la Guerra, mostrándole la importancia que tienen los puentes para la defensa de una ciudad.
De esta manera, ambos identifican entre sí diversos referentes de Königsberg y Monterrey, aunque esta última tenga sólo un puente, el San Luisito, y su río Santa Catarina no sea más que "una grieta por donde a veces pasa el agua" (p. 37)
Gortari tiene desaparecida a su hermana mayor, Marisol, de 14 años. Éste vendría a ser otro dilema similar al de Königsberg, dado que se carecen de pistas para encontrarla a ella y al resto de niñas desaparecidas.
Un grupo de parroquianos del Lontananza rinde homenaje a estas jovencitas, representándolas con botellas de diversas bebidas alcohólicas. Se trata de Floro, Blasco y un enigmático Polaco.
Acaso el más singular de ellos sea Floro, un actor aficionado que mezcla diversas tramas y personajes durante sus representaciones: lo mismo puede ser "rey y cartero y bachiller y donjuán y amante celoso y estrangulador de prostitutas y alcalde de Zalamea y muchas cosas más" (p. 139)
Floro, Blasco, el Polaco, Andrea y Gortari, inmersos en su propia realidad, urden la defensa de Königsberg, asediada por el Ejército Rojo.
Gortari asume la identidad del soldado Ernst Tiburzy, mientras que Floro hace lo propio con la del general Otto Lasch, ambos a las órdenes del Führer.
Se acerca el fin de la guerra, mas la evocación de las niñas muertas, víctimas de esta u otras batallas, nunca cesa...
Toscana traslada de norte a norte la guerra, con sus delirios, sus absurdos, sus fantasmas. Un entrañable derroche de imaginación hace las veces de cosmos en medio del caos.
Elena Méndez
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David Toscana,
Los puentes de Königsberg,
Alfaguara,
México, 2009,
242 pp.

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