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venres, 24 de outubro de 2008

PROHIBIDA LA INDIFERENCIA: LA REINA BAILA HASTA MORIR, DE EVE GIL

En La reina baila hasta morir, segundo libro de cuentos de Eve Gil (Hermosillo, 1968), nos topamos con un volumen cuyos siete textos parecen guiarse por una premisa: Prohibida la indiferencia.
Así, el relato que abre el conjunto es “Alicia o el diablo”, donde nos muestra el caso de Alicia Mesino, otrora Lieselotte, pequeña campeona en armar Rubik, quien es recuperada por su familia tras años de haber sido plagiada por un hombre con quien vivía en amasiato y hacia quien desarrolló el Síndrome de Estocolmo. La madre de Alicia se muestra horrorizada ante su hija, tremendo bodoque, y el afecto de ésta por su captor, que se ha suicidado.
“Cenicienta Hardcore”, por su parte, posee una narradora-protagonista, la actriz Lorna Villagrán, cuyo hastío la hace procurar las delicias del cibersexo. Al acudir a una cita con el Sr. Cordero (alias Dosamigos) es abordada por un criado de éste, quien la identifica como famosa y despierta su erotolalia. Su encuentro sexual resulta exquisito, si bien deplora el haber abandonado la conversación con el portero.
“Las abuelas” cuenta también con una narradora-protagonista. Ésta recuerda a sus abuelas materna y paterna, la buena y la mala, respectivamente.
Al final la historia toma un giro inesperado, por la saña y el dolor que encierra.
“Ataraxia”, al igual que el ya mencionado “Cenicienta Hardcore” constituye un brillante anti-cuento de hadas. En este caso, se parodia a Blanca Nieves. Reina Cardoso, directora del diario El Metropolitano, envidia a Nieves, jovencísima y audaz jefa de redacción, quien la desea carnalmente, ante el azoro de su patrona, que decide
eliminarla. Sin embargo, algo falla en su plan, lo cual la transtorna.
En “Cerridwen y las sirenas” Arturo nos hace partícipes de la maldición que un troll ejerce sobre él y su esposa.
“Claveles salvajes” nos muestra a Nelly, una solitaria oficinista que se rinde ante el espectáculo callejero ofrecido por un mimo, lo que la saca de su tedio habitual. Su amiga Lili, al acompañarla la segunda vez, asume dicha personalidad artística, quizá con visos homoeróticos.
El volumen cierra con “La culpa es de los bolcheviques”, un hermoso homenaje a Elena Garro, donde se recrea, en segunda persona, la persecución política y el exilio que la escritora –como se le designa- padecerá junto a su hija, y la desgarradora soledad de ambas. Historia que se fusiona con la de Anastasia, la hija del Zar, y la emboscada que ésta y su familia sufrieron.
La reina baila hasta morir está destinado a crear polémica; a vencer -reiteramos- la indiferencia.
Elena Méndez
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Eve Gil,
La reina baila hasta morir,
Colección Narrativa,
Ediciones Fósforo,
México, 2008, 113 pp.

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