Confieso no haber leído al extinto poeta argentino Juan Gelman sino hasta ahora que se publica su libro póstumo, Hoy (Ediciones Era/UNAM, 2014), donde se reúnen 297 poemas, cuyo leitmotiv es un rabioso duelo. Donde se nombra la ausencia y se canta la pérdida. Esa terrible pérdida que siempre le carcomió: la muerte de su hijo y su nuera a manos de la dictadura argentina, que además le separó de su nietecita, a quien llegó a conocer ya grande. Debo confesar algo más: leí este volumen a pocos días de haber fallecido mi hermano mayor. Al llegar al poema XX, supe que hallaría la catarsis añorada: “¿Quién dijo que el tiempo petrifica las lágrimas? (…) la desolación finge ser una que no llora, se ladea el paisaje mental sin reinvención posible” (p.30). Desolación, aquí, es una palabra clave. Desazón, desarraigo, es lo que se respira, sobre todo en aquellos textos claramente autobiográficos, como el XXVIII: “La compasión tiene lotes estériles, necesitan que secuestro/tor...