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mércores, 23 de xaneiro de 2013

FRONTERAS DEL DUELO: HABLAR SOLOS, DE ANDRÉS NEUMAN



Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) es un joven y prolífico autor que fue reconocido en 2009 con el Premio Alfaguara por su novela El viajero del siglo, donde fusiona amor y literatura en una imaginaria ciudad europea decimonónica de fronteras móviles.
Su más reciente novela, Hablar solos (Alfaguara, 2012), resulta radicalmente distinta a la citada obra que lo consagró, si bien conserva ciertos factores en común, especialmente la creación de un mundo propio a través de los libros y esa indeterminación voluntaria del espacio donde transitan los personajes.
En esta obra, narrada a tres voces, cuenta la historia familiar de Elena y Mario, un matrimonio, y su único hijo, Lito, de 10 años. Mario agoniza de una enfermedad terminal –jamás revelada, lo cual es un gran acierto del autor- y acuerda con su esposa no comentarlo con el pequeño. Pero además convenían que él, antes de morir, lo lleve consigo a un viaje de trabajo en el camión de carga familiar, llamado Pedro.
Mientras la voz infantil destaca por su asombro ante el descubrimiento del mundo, las voces adultas transmiten el dolor ante la inminente pérdida y oscuros secretos. En este caso, la relación que entabla Elena con el médico de su marido mientras éste y el niño se encuentran de viaje. Romance que la vuelve un tanto Bovary aunque nunca deje de tener los pies sobre la tierra, ni de serle leal a su pareja, aunque suene contradictorio.
Elena descubre a través de sus lecturas una manera de estar menos sola: “Me topo todo el tiempo con libros apropiados para el hospital. No me refiero a libros que me distraigan (distraerse en un hospital es imposible), sino que me ayuden a comprender qué demonios hacemos ahí. (…) Leo sobre enfermos y muertos y viudos y huérfanos (…)” (p. 96).
  
Lito relaciona los paisajes que descubre durante su travesía con los videojuegos que comparte con su tío Juanjo, propietario del camión, y notifica a su madre cómo están mediante mensajes de textos llenos de crispantes abreviaturas, según ella opina.
Mario, aunque agotado por sus fuerzas mermadas, se siente feliz de cumplirle al pequeño la promesa que le debía desde hace tiempo y reflexiona sobre la vida y sobre su propio ocaso, en una grabación que le deja  y que recuerda un tanto a la carta que La Maga escribiera al bebé Rocamadour. En ella, le da consejos que a alguien ajeno pudieran parecerle extravagantes: “Diviértete, ¿me oyes? Cuesta mucho trabajo divertirse, y ten paciencia, no demasiada, y cuídate como si supieras que no siempre vas a ser joven (…), y que siempre haya sexo, hijo, hazlo por ti y también por mí, hasta por tu madre, mucho sexo, y que los hijos vengan tarde, si vienen, (…) sé coqueto ¿me oyes? los hombres que no son coquetos tienen miedo de ser maricones, y si eres maricón, sé un hombre (p. 150)”.
Si bien esta novela está estructurada casi exclusivamente por monólogos- interior, en el caso de Lito; oral, en el de Mario, y escrito, en el de Elena-, que le dan su razón de ser al título, los escasos diálogos son de una inteligencia y frescura apabullantes –como los de Mario y Lito-o contundentes por la enorme tensión que encierran –como los de Elena y el doctor Escalante-.
Elena admite en este párrafo resignado de su diario: “Pensaba (amada obviedad) que lo peor de perderte iba a ser no tenerte. Pero no: sigues ahí, te pienso hablándome. (…) te has convertido en parte de mi organismo. Ahora que estoy acostumbrándome a estar sola (…) lo peor es aceptar que yo no estoy en ti. Ya no te consto. Desde ese punto de vista, yo también me he muerto” (p. 178).
Coincido con The Independent en que Neuman es “un autor de prodigioso talento”, pues no solamente es capaz de manejar diversos géneros, de escribir obras voluminosas o muy breves, de ubicarse en épocas remotas o contemporáneas, sino también de poseer una gran delicadeza para llevar al lector de la mano hacia las fronteras del duelo.

Elena Méndez

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Andrés Neuman,

Hablar solos,
Alfaguara,
México, 2012,
192 pp.




CALAMIDADES PÚBLICAS Y SECRETAS: TEORÍA DE LAS CATÁSTROFES, DE TRYNO MALDONADO



Una catástrofe, según la primera acepción de la Real Academia Española, se define como un “Suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas.”
Tryno Maldonado (Zacatecas, 1977) se apropia del término para titular su más reciente novela, Teoría de las catástrofes (Alfaguara, 2012), en cuyo prólogo explica: “En matemáticas, toda destrucción de formas puede describirse por la desaparición de los atractores que representan esas formas iniciales y su reemplazo por otros. Lo mismo ocurre entre individuos y entre comunidades. (…) Las catástrofes son lo último que se borra de nuestra memoria” (p. 11).
Así, el suceso infausto es el conflicto magisterial en Oaxaca ocurrido en 2006, que al autor le tocó atestiguar y cuyo testimonio plasmó en el blog Atari 2600. Dicha protesta fue brutalmente reprimida por el gobierno estatal en turno.
Pero no sólo esa calamidad es la que se registra en la novela, sino también las secretas, igual de dolorosas. Como el progresivo declive entre la pareja formada por Anselmo Santiago y Mariana Hernández, jóvenes desencantados ante las obligaciones que pesan como un fardo, la necesidad que los apremia con su cara de hereje, los sueños truncados por un sistema voraz.
Anselmo, tras rechazar la única oportunidad de empleo más o menos decoroso que se le presenta, se ve involucrado con los anarquistas de la barricada Flores Magón y Roberto, un chef italiano, padre de un pequeño Asperger de genialidad matemática.
Entre los anarquistas destaca Julia, una mujer cuyo férreo carácter contradice su complexión menuda. Ambos se enamoran y su relación se torna doblemente clandestina al hacerse él partícipe de los actos subversivos de la barricada, lo cual –por supuesto- ocurre a espaldas de Mariana.
Roberto, al ver el cataclismo que se avecina, alega con aire filosófico: “Uno no debería juzgar a tu generación por resguardarse en la desconfianza, en la acedia o en el cinismo. (…) Cuando los individuos deciden enfrentarse a este país con valor, este país sólo los puede vencer poniendo todos sus recursos en anular su espíritu. En destruirlos. Y naturalmente, los destruye. (…) Este país quiebra a los individuos. (…) Mata indistintamente a los muy buenos y a los muy dulces. Mata a los muy talentosos y a los muy valientes” (p. 179).
Y tal como lo pronostica, sucede. Pero aun en el terror, la desolación, la violencia, la ruina, hay resquicios para mostrar piedad. Como la recaída de Mariana donde Julia, su insospechada rival, le atiende con ternura. Como el llanto por la muerte del Jaguar durante la cruenta jornada de octubre, deplorando la existencia frágil y la putrefacción del sistema.
Un elemento destacable de la obra es el hecho de que los protagonistas subvierten los roles de género. Así, mientras Mariana lleva el sustento al hogar y posee una personalidad incendiaria, Anselmo funge como amo de casa, sufre de “timidez casi pedestre” y es seducido por las mujeres con quienes se ha acostado.
El lenguaje del narrador es grandilocuente y las descripciones son prolijas; ello es una virtud si se considera el extenso vocabulario del autor y la notable labor de investigación que realizó para otorgarle verosimilitud a la historia –desde explicar en qué consiste la diabetes que afecta a Mariana, el comportamiento autista del niño Devendra, la fabricación de bombas caseras…)
Maldonado es uno de los narradores mexicanos jóvenes más destacados. No en balde fue finalista del Premio Herralde de Novela 2008 con su anterior novela, Temporada de caza para el león negro, donde satiriza los caprichos del mercado de arte.
Esta obra, aunque tarda en agarrar vuelo, logra su cometido de conmover, cimbrar, enfurecer al lector, que se indigna ante la ignominia, dejándolo con la amarga sensación de hallarse indefenso ante el mundo. Y es que la vida está programada matemáticamente para hacerse pedazos.


Elena Méndez

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Tryno Maldonado,

Teoría de las catástrofes,
Alfaguara,
México, 2012,
440 pp.