Esther Seligson (Ciudad de México, 1941-2010) fue una pensadora universal: lo mismo abordó la literatura desde la narrativa, que desde el teatro, la poesía, la crítica o el ensayo. Su mirada parecía abarcar todas las culturas, todos los tiempos. Sucumbió a la tentación de redactar –al igual que tantos otros afamados escritores- sus memorias, publicadas de manera póstuma en Todo aquí es polvo (Bruguera, 2010). Seligson, célebre traductora, se traduce a sí misma: eterna niña olorosa a nata fresca, evoca recuerdos de su familia judía, no siempre gratos: pinta a su padre lleno de fatal encono hacia la madre, por haber perdido la doncellez antes del matrimonio –en circunstancias harto vergonzosas-; y a su única hermana, como un personaje díscolo, siempre culpándola de cualquier travesura nimia, hecha al alimón, para salir indemne. Amante de los “instants of being”- noción creada por Woolf-, más que de un cuarto propio , se hizo junto con su hermana de un país, Graishland, “donde pa...