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xoves, 15 de outubro de 2009

ENTRE LO LINEAL Y LO CIRCULAR: LA GRAMÁTICA DEL TIEMPO, DE LEONARDO DA JANDRA


¿Qué es el tiempo? De acuerdo a la segunda acepción de la Real Academia Española, se define como: "magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro (...)"
Leonardo da Jandra (Chiapas, 1951) en su ensayo La gramática del tiempo, aborda, desde una perspectiva filosófica, este problema del que se han ocupado numerosos pensadores de todas las épocas. Habla acerca de cómo se ha pasado de una concepción circular del tiempo a una lineal. Esta última, debido a la formación judeocristiana que permea en Occidente, misma que privilegia al Tánatos sobre el Eros: la pulsión mortal contra la vital.
El autor narra su experiencia de veintiocho años en Cacaluta (la selva huatulqueña, en Oaxaca), donde junto a su pareja, la pintora Agar García, realizó una 'utopía mínima': la de aislarse lo más posible de la civilización, reencontrándose con la naturaleza y limitando sus necesidades de consumo.
Dicha utopía fue violentada al ser desalojados, tras alegarse que habitaban dicho predio como ‘paracaidistas’; argumento falso para favorecer a empresarios que construirían un complejo turístico en aquella zona, famosa por su biodiversidad.
Esa pérdida, más que material, ha significado para da Jandra no sólo el atestiguar la inminente devastación del ecosistema huatulqueño, sino también el drástico cambio cultural que implica para los pobladores, cuyo principal sustento proviene de la caza y pesca.
Estas actividades son todo un ritual para el nativo, al conectarlo con la divinidad, contra la que se atenta al imponerse el estado de derecho, con su voraz consumismo, su espectacularidad usurpadora de lo sagrado y el perenne temor a la muerte.
El caso huatulqueño es sólo un ejemplo de lo que ocurre cuando el ser humano pasa del estado de naturaleza al de derecho, donde se niega la preteridad (lo ritual) en pos de la presentaneidad (el poder), socavando, así, la posteridad (la libertad).
Por ende, también se condena a la sociedad a percibir su evolución en forma lineal e irreversible, desechando la idea nietzcheana del Eterno Retorno, que alude a una concepción cíclica de la historia.
Asimismo, el sistema (llámese dictadura, democracia o cualquier otro), en su afán masificador, denigra al individuo, condenando a la sociedad a la que pertenece a la decadencia.
El póstero reniega del prétero y del presentáneo, olvidando que para haber una ruptura debe existir tradición; suprema paradoja encarnada, principalmente, por el creador artístico, visionario, al que pretenden acallar los poderosos.
Como sostiene el propio da Jandra, el póstero tenderá a hacer revolución, misma que al llegar al poder se traiciona a sí misma, al querer perpetuarse a toda costa.
Evolución, no revolución, acaso sea la tarea del póstero reconciliado con su preteridad y su presentaneidad, lo sagrado y lo profano, lo lineal y lo circular. Utopía de utopías, sin duda.
Elena Méndez
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Leonardo da Jandra,
La gramática del tiempo,
(Prólogo: Enrique Vila-Matas)
Col. Estuario,
Editorial Almadía,
Oaxaca,
224 pp.


venres, 9 de outubro de 2009

LA PALABRA Y SU TRASFONDO: EL ORDEN DEL DISCURSO, DE MICHEL FOUCAULT


La palabra. Mecanismo que oculta y revela, nulifica y valida.
Michel Foucault (Poitiers, 1926- París, 1984), filósofo e historiador de las ideas, en su ensayo El orden del discurso, hace una serie de disertaciones acerca de la palabra.
Dicho ensayo constituye la lección inaugural de la cátedra de Historia de los sistemas de pensamiento que desde 1970 impartiría en el Cóllege de France, tomando el lugar de su mentor, el desaparecido Jean Hypolite.
El autor no sólo esboza un plan de trabajo, sino que reflexiona sobre la influencia del deseo y el poder sobre el discurso y cómo ambos se ven sujetos a procedimientos de exclusión. Ergo, de prohibición: "Uno sabe que no tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa" (p. 14).
Como bien apunta el extinto pensador francés, dichas prohibiciones resultan aún más evidentes en temas como la sexualidad y la política, ámbitos donde el deseo y el poder, respectivamente, son protagonistas.
Otros procedimientos de exclusión vienen a ser la separación y el rechazo. En especial, en esa frágil línea que divide razón y locura: Las personas dementes, a lo largo de la historia, cuando no han sido proscritas, han sido tomadas como videntes, al considerarse sus palabras como revelaciones.
Un procedimiento más añade el autor, aventurándose: el de distinguir entre discursos verdaderos y falsos; esto es, la voluntad de verdad.
Así, el discurso literario suele valorarse por lo que tiene de verosímil, no de verídico; contraponiéndose al discurso histórico, que se ve forzado a ser fiel a los hechos; y al científico, que debe demostrar sus leyes, descubrimientos, inventos...
La voluntad de verdad, tal como el resto de procedimientos mencionados, se apoya en lo institucional, particularmente a través del sistema educativo, que transmite a los individuos los saberes que estima convenientes para mantener el orden social.
Estos serían los procedimientos externos de exclusión, mientras que el comentario, la noción de autor (como alguien que sustenta la validez de lo que afirma) y el establecimiento de disciplinas constituirían los procedimientos internos de control y delimitación del discurso.
Estos últimos conllevan un intercambio y una comunicación, pero también un secreto (técnico, científico)... y por ende, una ritualidad al transmitirse; y tornan sumisos al que lo posee y al que lo recibe, como en el caso de las doctrinas.
Todos estos temas, anuncia Foucault, los estudiaría bajo un método que hiciera uso de cuatro principios:
trastocamiento, discontinuidad, especificidad y exterioridad.
Vasta labor, sin duda, que llevó a cabo rigurosamente. Citemos dos de sus principales obras: Historia de la locura en la época clásica (1960) e Historia de la sexualidad, proyecto iniciado en 1976; mismo que dejara inconcluso al morir.
A 25 años del fallecimiento de Foucault, sorprende la vigencia de su pensamiento, la pasión por desentrañar el lenguaje, con toda su carga luminosa y oscura, estabilizadora y transgresora a la vez.


Elena Méndez

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Michel Foucault,
El orden del discurso
(título original: L' ordre du discours),
Traducción: Alberto González Troyano,
Col. Fábula,
Tusquets Editores,
México, 2009,
80 pp.







DE NORTE A NORTE LA GUERRA: LOS PUENTES DE KÖNIGSBERG, DE DAVID TOSCANA

2009. 70 años han transcurrido ya desde el inicio de la II Guerra Mundial, acontecimiento que cambió la historia de la humanidad al suscitar importantes transformaciones políticas, económicas, sociales, geográficas, entre otras.
Dicha guerra culminó en 1945, año en que David Toscana (Monterrey, 1961) sitúa su novela Los puentes de Königsberg.
Königsberg, actualmente Kaliningrado, formaba en ese entonces parte de la región septentrional de Prusia, estado que habría de desaparecer.
Toponímicamente, Königsberg significa "Monte Real" lo que marca una relación con Monterrey, ciudad presente en todas las obras toscanianas.
Además de la sempiterna obsesión del autor por su lugar de origen, en este libro encontramos los visos onettianos y cervantinos que caracterizan su estilo. Onettianos, por el absurdo a que parecen estar condenados sus personajes; y cervantinos, porque estos mismos personajes son tan idealistas como el Quijote, cuyas batallas están perdidas de antemano.
La estructura de la novela es compleja, ya que no sólo se juega con la espacio-temporalidad, sino que existen dos voces narrativas: una en tercera persona y otra más, la del narrador protagonista, Gortari.
Este chico se esfuerza en resolver un problema matemático, el de los puentes de Königsberg, ciudad cruzada por 7 puentes que conectan dos islas atravesadas por el río Préguel.
El dilema, creado por el suizo Leonhard Euler, consiste en recorrer todos los puentes sin pasar por ninguno dos veces.
El empecinamiento de Gortari en resolver el problema va más allá de un promedio elevado, ya que le sirve como pretexto para acercarse más a su maestra, Andrea, una mujer de carácter férreo, quien le advierte que carece de solución.
La maestra utiliza el dilema para hacer partícipe al chico sobre la Guerra, mostrándole la importancia que tienen los puentes para la defensa de una ciudad.
De esta manera, ambos identifican entre sí diversos referentes de Königsberg y Monterrey, aunque esta última tenga sólo un puente, el San Luisito, y su río Santa Catarina no sea más que "una grieta por donde a veces pasa el agua" (p. 37)
Gortari tiene desaparecida a su hermana mayor, Marisol, de 14 años. Éste vendría a ser otro dilema similar al de Königsberg, dado que se carecen de pistas para encontrarla a ella y al resto de niñas desaparecidas.
Un grupo de parroquianos del Lontananza rinde homenaje a estas jovencitas, representándolas con botellas de diversas bebidas alcohólicas. Se trata de Floro, Blasco y un enigmático Polaco.
Acaso el más singular de ellos sea Floro, un actor aficionado que mezcla diversas tramas y personajes durante sus representaciones: lo mismo puede ser "rey y cartero y bachiller y donjuán y amante celoso y estrangulador de prostitutas y alcalde de Zalamea y muchas cosas más" (p. 139)
Floro, Blasco, el Polaco, Andrea y Gortari, inmersos en su propia realidad, urden la defensa de Königsberg, asediada por el Ejército Rojo.
Gortari asume la identidad del soldado Ernst Tiburzy, mientras que Floro hace lo propio con la del general Otto Lasch, ambos a las órdenes del Führer.
Se acerca el fin de la guerra, mas la evocación de las niñas muertas, víctimas de esta u otras batallas, nunca cesa...
Toscana traslada de norte a norte la guerra, con sus delirios, sus absurdos, sus fantasmas. Un entrañable derroche de imaginación hace las veces de cosmos en medio del caos.
Elena Méndez
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David Toscana,
Los puentes de Königsberg,
Alfaguara,
México, 2009,
242 pp.

martes, 6 de outubro de 2009

JUSTICIA POR PROPIA MANO: FEMENINO CRIMINAL, DE JOSU ITURBE


Todos los días reviso las noticias en Internet, y se me revuelve el estómago al leer titulares como éste: “Un hombre mata a su pareja embarazada en Barcelona, pero logran salvar al bebé”.
Uno pensaría que ya no deben pasar cosas como ésta, que estamos en pleno siglo XXI, que la violencia doméstica es inadmisible y debe ser duramente castigada.
Sin embargo, la realidad es otra. Muchas veces las víctimas callan, justifican al agresor e incluso llegan a pensar que se merecen ese destino.
Otras veces, hartas de su situación, deciden tomarse justicia por propia mano, a sabiendas de que el castigo para el verdugo (si lo hubiera), será ínfimo y ellas tildadas de provocar el maltrato.
Femenino criminal, de Josu Iturbe (Bilbao, 1964), muestra las historias de 8 mujeres que decidieron pasar de víctimas a victimarias.
Exento de una visión simplista, narra sus motivos y el cómo decidieron vengar su infamia, ya sea materializando ellas el crimen o a través de un tercero.
El volumen abre con “Querida Marlén”, cuento narrado a dos voces: la del policía enamorado de Marlén, una prostituta sudamericana cuyo pueblo ha sido devastado por los militares, abandonada por su padre, y una en tercera persona gramatical. La chica enloquecerá tras atender a su padre, que descubre su identidad ya muy tarde.
En “Gloria, Gloria… ¡Aleluya!”, la protagonista, Gloria, es un ama de casa cuya autoestima es casi nula, debido a las humillaciones y golpes propinados por su marido, a quien deberá eliminar del modo más insospechado.
“Laura, Laurita”, acaso uno de los mejores relatos, cuenta las peripecias que una joven madre soltera, pasa para sobresalir en el periodismo. Ella se encuentra preparando un libro sobre mujeres criminales y se entrevista con doña Justa, asesina a sueldo, a quien ha de requerir tras el abuso sexual a su pequeño hijo.
“Ana y el señor V.P.H.”, aborda la vida de otra ama de casa, cuyo marido la infecta de papiloma, como si no fuera ya bastante nefasta su relación. Él no imaginará cómo ella ha de cobrarse tal ignominia.
“Elena sin Hache” será culpable de la desconexión de su padre canceroso, a quien guarda un inmenso rencor, pese a nunca haber sido sobajada por él. Ella guarda en secreto su homosexualidad, que no termina de asumir.
En “Las dos Dolores”, Dolores madre paga una condena por el asesinato de su esposo, a quien en realidad mató el hijo menor. Dolores hija se vengará de su hermano, que ha ocasionado la desgracia familiar.
“Fermina, doméstica” es una bella sirvienta, amante de su patrón, que detesta a su mujer y a sus hijos, por haber tornado el hogar un calvario. Fermina, solícita como siempre, le ayudará a deshacerse de ellos.
“Susi”, es el último relato, por demás impactante. Jorge, exitoso poeta que recientemente ha enviudado, añora a Susana, amor juvenil, con quien buscará reencontrarse, ignorando la tragedia que él mismo causó tras abandonarla y que recibirá, después de tantos años, su merecido castigo…
Iturbe nos hace encariñarnos con estas mujeres criminales, desesperadas ante una existencia miserable. Les da un rostro a través de las ilustraciones que él mismo ha hecho y que nos las vuelven todavía más cercanas; que tornan vívido ese dolor que las llevó a tomarse justicia por propia mano.
Elena Méndez
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Josu Iturbe (textos e ilustraciones),
Femenino criminal,
Suma de Letras,
México, 2009,
164 pp.

DE LA MUERTE COMO PRINCIPIO: LA VIDA INTERIOR. EL DESPERTAR DEL INCONSCIENTE, DE GINETTE PARIS


Muerte. Una palabra que suele atemorizarnos, particularmente en Occidente, donde le otorgamos el valor de un final y no de un inicio.
Ginette Paris, en su libro La vida interior. El despertar del inconsciente, propone la activación del principio de muerte para encontrar una nueva identidad.
El principio o instinto de muerte, según Freud, tiene por objeto "destruir unidades orgánicas volviéndolas a su anterior estado inorgánico, con la tendencia destructivo-masoquista dirigida hacia fuera, y tomando la forma de agresión".
La autora es una destacada psicoterapeuta arquetípica, terapeuta y escritora franco canadiense.
Ella comparte en esta obra dos grandes pérdidas que debió experimentar: la ruptura de su matrimonio y una hemorragia cerebral masiva que la mantuvo en terapia intensiva durante casi un año.
Situaciones que la enfrentaron no sólo a un ego mancillado y a temer por su integridad física, sino que la hicieron cuestionarse todo cuanto creía saber acerca de su profesión e, incluso, comprender la necesidad del dolor.
Ese dolor que tanto solemos empeñarnos en evitar y que, sin embargo, sirve para hallar la sabiduría psicológica.
En la búsqueda de tal sabiduría influyen tres arquetipos utilizados en todas las escuelas sicológicas: el Niño Arquetípico, que implica vulnerabilidad y necesidad; la Gran Madre, toda compasión; y el Padre Arquetípico, donde reside la autoridad.
Estos arquetipos no deben identificarse forzosamente con un género determinado, aclara la autora. 
Los arquetipos prevalecen a través de la existencia de cada individuo.
Así, el Niño se manifiesta cuando sentimos miedo, inseguridad; el Padre, mediante el orden que requerimos establecer y los premios y castigos según se cumpla o no con el mismo; y la Madre, al brindar consuelo, protección.
Para que el ser humano sea pleno, debe afrontar la separación que le permita independizarse gradualmente.
Una forma en que puede ayudarse a los pequeños a madurar es hablarles como lo haría un filósofo: mostrándoles cómo asumir responsabilidades. Ello contribuirá, además, a fortalecer su instinto de vida. Se hace hincapié en que no existe una identidad ‘normal’. Por ende, tampoco existe una familia ‘normal’, ese microcosmos donde nos desarrollamos y enfrentamos los primeros conflictos de nuestra vida.
La verbalización de dichos conflictos mediante la terapia no contribuye a la intimidad; ésta se da en lo cotidiano y muchas veces sin expresarse de forma oral.
La autora reflexiona acerca de la habitual mitificación de la psicología profunda (o de cualquier disciplina o creencia) a la cual se le adjudica un poder redentor; una tendencia de la que ni siquiera los intelectuales más liberales están exentos.
La terapia en psicología profunda otorga gran relevancia a las historias que uno se cuenta a sí mismo y la manera en que pueda expresar éstas para superar la ansiedad y depresión, dos enfermedades que alcanzan actualmente proporciones pandémicas.
Éstas no requerirían de fármacos si las personas lograran enriquecer su imaginación; lidiar con sus miedos, nombrándolos y relativizándolos; y ampliar su capacidad de sentir alegría.
Maneras en que se reconciliarían la muerte que cierra ciclos (muchas veces dañinos); y la vida, llena de pequeñas felicidades cotidianas. 
Elena Méndez
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Ginette Paris,
La vida interior.
El despertar del inconsciente
(título original: Wisdom of the Psyche.
Depth Psychology after Neuroscience),
Traducción: Gustavo Beck Urriolagoitia,
Col. Pensamiento,
Editorial Taurus,
2009,
376 pp.