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martes, 8 de novembro de 2011

VAMPIROS AL ACECHO: OSCURA, DE GUILLERMO DEL TORO Y CHUCK HOGAN

El vampirismo es un tema literario que ha experimentado un fuerte auge durante los últimos años, sobre todo gracias a autores extranjeros, como Stephenie Meyer, cuya saga Crepúsculo ha sido incluso llevada al cine con gran éxito.

Pero también escritores mexicanos de diversas generaciones y públicos, como Carlos Fuentes con Vlad y Lorena Amkie con Gothic Doll han abordado recientemente a estos seres oscuros en sus novelas, acogidas por el público lector con singular avidez.

Otro autor nacional que ha ingresado a esta inusitada vampirofilia es el cineasta Guillermo del Toro, quien, en colaboración con Chuck Hogan, acaba de publicar Oscura (Suma de Letras, 2010) segunda parte de la llamada Trilogía de la Oscuridad.

Quienes conozcan Nocturna (2009) podrán adentrarse en la trama sin mayores problemas. No obstante, Del Toro y Hogan aciertan al familiarizar a los lectores con su antecedente: mediante un fragmento del diario del doctor Ephraim Goodweather -el protagonista- se da a conocer la hecatombe desatada por los muertos-vivos, misma que él y su equipo procuraron evitar, sin que sus iniciativas trascendieran por carecer de todo apoyo.

Aparecen nuevos personajes, como el exluchador El Ángel de Plata (una clara alusión al Santo), quien ayudará al prestamista Setrakian, al pandillero Gus Elizalde, al doctor Goodweather y a su colega Nora en la lucha contra estos terribles enemigos contra la humanidad.

Dichos enemigos, comandados por el Amo, buscan nuevas estrategias, cada vez más siniestras. Situación que parece mermar las fuerzas del científico y su grupo, cuya existencia se ha visto directamente afectada por esta catástrofe (la exesposa de Goodweather ha sido convertida, dejando al pequeño Zack en la orfandad; Gus debió aniquilar a su hermano, que estaba infectado…)

La terrible burocracia y enorme desinformación en torno a la epidemia obstaculizan todavía más la labor de Ephraim y sus aliados. No obstante, se unen a ellos los Ancianos, entes misteriosos opuestos a los afanes megalómanos del siniestro millonario Eldritch Palmer –otrora amigo del viejo prestamista-, dueño de la compañía transnacional Stoneheart, quien anhela la inmortalidad, dada su condición enfermiza.

La vida íntima de los personajes principales aparenta desmoronarse –Ephraim ha vuelto a beber; Nora se ve obligada a atender a su madre, víctima del Alzheimer; Setrakian se halla moribundo; Zack no consigue superar la pérdida de su madre-. Sin embargo, deberán mantenerse alertas siempre.

Setrakian se empeña en obtener el Occido Lumen, rarísimo libro antiguo donde se contienen invaluables revelaciones sobre el “verdadero conocimiento”: contiene los nombres ocultos que él requiere saber para triunfar sobre el Mal, y los extraños símbolos que han cundido mediante graffitis por toda la ciudad…

Las motivaciones de héroes y villanos resultan -en uno y otro caso- tanto sorprendentes como conmovedoras. Ello resulta un indudable mérito del libro.

Otro inteligente recurso –ya implementado en la primera parte- es su estructura, caracterizada por una diversidad espacio-temporal que sitúa al lector ya sea en el presente apocalíptico o en el pasado tenebroso donde se gestaron las incógnitas que acongojan a los pretendidos salvadores del mundo.

Asimismo, resulta destacable la habilidad con que Del Toro y Hogan renuevan este tópico fantástico, entrelazándolo con asuntos históricos –caso del nazismo, atrocidad de la cual fue víctima Setrakian-, datos científicos y referentes populares novedosos o añorados que tornarán aún más seductora e intrigante esta segunda entrega de la Trilogía de la Oscuridad.

Esta trilogía, sin duda, no tardará en ser llevada a la pantalla grande, acontecimiento muy esperado por los seguidores del cineasta mexicano, reconocido en su momento con tres Oscar por El laberinto del fauno.

Elena Méndez

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Guillermo del Toro y Chuck Hogan,

Oscura

(título original: The Fall),

Traducción: Santiago Ochoa,

Suma de Letras,

México, 2010,

428 pp.

LATIDOS VIRTUALES: CADA SIETE OLAS, DE DANIEL GLATTAUER

Cada vez son más populares las obras literarias que se valen de las nuevas tecnologías, específicamente, del internet, como pretexto para desarrollar sus tramas. Los escritores mexicanos no han estado exentos de esa tendencia; por mencionar algunos, René Avilés Fabila con su novela El amor intangible (2008) y Eve Gil en cuentos tan memorables como “Cenicienta hardcore”, “Kundera dixit” y “Ella añoraba las tormentas” (compilados en El perrito de Lady Chatterley, cuentos casi completos y un bonus, 2009).

Cito específicamente esas obras porque, amén de la presencia de la red de redes, ésta funge en ellas como vía para conocer el amor o para un mero deleite erótico, aunando, asimismo, un ritmo vertiginoso y un deslumbrante duelo verbal.

Características que también posee Cada siete olas (Alfaguara, 2010), del austríaco Daniel Glattauer, la segunda parte del suceso editorial Contra el viento del norte – finalista del German Book Prize y traducida a 32 idiomas y adaptada para radionovela, audiolibro y obra teatral- .

En esta segunda entrega se resuelve el embrollo planteado en Contra el viento… donde un par de desconocidos, Leo Leike y Emmi Rothner –diseñadora de páginas web y psicólogo del lenguaje, respectivamente- entablan correspondencia virtual, luego de que la segunda escribiera al primero por error. La situación se torna complicada al involucrarse ambos sentimentalmente, sobre todo para Emmi, por ser una mujer casada. Sin embargo, la imaginación desatada por el misterio y el anonimato se ve acicateada todavía más por la furtividad y la tensión sexual siempre latente entre ellos.

No espere el lector, empero, un alarde pornográfico, de cámara web y toda la cosa. Al contrario: la novela de repente parecería una novela epistolar, decimonónica, aunque con gran economía de

palabras y un contexto posmoderno, plagado de humor y con una aguda reflexión sobre las relaciones de pareja, como cuando Leo cuestiona a Emmi sobre si fantasear con un tercero, o incluso besarlo, implica infidelidad.

En Cada siete olas, ¡por fin! los amantes virtuales logran reunirse, tras una serie de malentendidos, postergaciones, ausencias y contrariedades que lo impidieron en su momento.

La magia entre ellos -contrario a lo que podría pensarse- en lugar de desvanecerse, se desborda, quizá precisamente por tanta demora, premeditada o no.

Sin embargo, el panorama dista de ser perfecto: Emmi sigue con su esposo; Leo tiene otra novia, una novia de verdad

Los líos morales, los picones, esos desvelos luchando contra el viento del norte (¿el deseo que atormenta a Emmi?), las madrugadas embriagándose al unísono, cada uno frente a su pantalla, ansiando verse de nuevo, el anhelo de una séptima ola que arrastre un acontecimiento inesperado… Todo contribuye a la incertidumbre de la pareja, tan ávida de certezas que (¡oh, paradoja!) se empeñan en rehuir.

Glattauer destaca el bovarismo de la protagonista, cuyo nombre real es Emma, clara alusión a la célebre novela de Flaubert. Emma-Emmi es la personificación de aquella séptima ola tan soñada, la cual describe como “(…) despreocupada, inocente, rebelde, barre con todo, lo cambia todo. Para ella no existe el antes, sólo el ahora” (p. 178).

Si bien en un inicio Emmi teme ser un conejillo de Indias de Leo, debido a que él está colaborando en un estudio sobre el correo electrónico como vehículo de las emociones, ello dista de ocurrir; por el contrario, una vez retomado el contacto brutalmente suspendido entre ambos, Emmi se convierte en su “punto de contacto”, ubicado “en la palma de mi mano izquierda, más o menos en el centro, donde la línea de la vida, surcada por gruesas arrugas, dobla hacia la arteria” (p. 79). Ahí, los enamorados concentrarán sus latidos virtuales…

Cada siete olas: Una refrescante, esperanzadora, inteligente historia de amor…

Elena Méndez

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Daniel Glattauer,

Cada siete olas

(título original: Alle sieben Wellen),

Traducción: Macarena González,

Alfaguara,

México, 2010,

272 pp.