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mércores, 25 de febreiro de 2009

LA AGRIDULCE CUBANÍA: ¡POR CULPA DE CANDELA!, DE TERESA DOVALPAGE

Cuba. Un país en perenne ebullición. Guerra tras guerra para defender su Independencia, ya contra España, ya contra Estados Unidos. El Imperio, diría el Barbudo. Ese Imperio tan anhelado por muchos de los cubanos, sobre todo tras el Periodo Especial, donde los balseritos huían de su patria, dadas las enormes carencias que en ella sufrían.
Teresa Dovalpage (La Habana, 1966), en su primer libro de cuentos, ¡Por culpa de Candela!, aborda, jocosa y exenta de piedad, la agridulce cubanía, sobre todo aquella que se vale de artimañas picarescas para emigrar, o al menos, sobrevivir en la Isla.
En el relato que da nombre al libro, un par de amigas radicadas en Estados Unidos, preocupadas por Odalys, quien aún permanece allí, se convierten en timadoras para así ahorrar y traérsela, para lo cual solicitan ayuda del novio de la protagonista, Scott, arreglando un matrimonio que le permita a la chica obtener la Green Card norteamericana. Sin embargo, algo se les escapa de las manos…
En "¿Corruptora de menores, yo?", se satiriza la doble moral estadounidense, que condena el aparente estupro de una anciana jacarandosa con su nietastro, tras el arribo ilegal de la dama a territorio yanqui.
"Cubanoteca" trata de María Caridad, una joven zapoteca adoptada por un matrimonio cubano radicado en Estados Unidos, lo cual le crea un conflicto de identidad, que la lleva a buscar a su madre a Morelia, sin prever los ultrajes migratorios que sufrirá en Tijuana, ya de regreso.
Dovalpage parodia el género denominado chica lit (hoy en boga) en "Literatura femenina", donde tres amigas se reúnen en un café para desahogarse de las cubanadas propias y ajenas: la del Zángano, pareja de la protagonista, y la de Yalexia, tan similar al mantenido.
"Si a tu ventana llega una paloma" narra a tres voces una tragedia suscitada entre Pedro Luis, un comuñángara renegado, una cándida habanera a quien dejó preñada y la niñita que ambos procrearon, ansiosa por conocerlo. Ésta convence a su madre para viajar desde Miami e ir a buscarlo.
"Visa poética para Chihuahua" refiere la ilusión de la poeta Yadira Martínez por conocer dicho estado del norte mexicano; ilusión que se topará con la burocracia infame.
Erny -personaje de Posesas de la Habana, segunda novela de Dovalpage- en "Vainilla y mantecado: reflexiones heréticas ante una foto de Lezama", escribe una carta al rotundo autor de Paradiso, con quien se identifica por ser homosexual, aunque reconoce carecer del talento de éste, que tanto le haría falta para ganar un concurso literario barcelonés.
Acaso uno de los mejores relatos sea "Con Elena en la corte", donde Dovalpage homenajea a la extinta escritora mexicana Elena Garro, cuya obra estudia una juarense radicada en Albuquerque, acusada de asesinar a Fernando, el Cuban, macho briago y golpeador.
"De cómo el espíritu de mi tía-tatarabuela se fue de Nueva York", posee tintes de realismo mágico. Una familia compuesta por una madre sojuzgada (Doña Lolita), un padre con ínfulas de Napoleón (Pedro, Señor Padre), una chiquilla que vuela en sueños (Ángeles) y su hermana (Caridad María), amante de un mulato caballerizo, que huyen de Cuba a fines del siglo XIX para establecerse en Nueva York, a causa de la Guerra de Independencia.
"Del primer objeto de su lujuria" plantea el precoz despertar sexual de Teófilo, ante la complicidad de su abuelo, el lúbrico Pipón.
"La tarde del primer día” nos trae nuevamente a Teófilo e introduce a Maricari (protagonistas de Muerte de un murciano en la Habana), infantes víctimas del bullying desde su ingreso a la primaria, donde pagan la novatada en medio de su consagración como pioneros.
“Adiós, San Anastasio” revela las desesperadas tentativas de Maricari y familia para dejar su cuchitril y mudarse a otro vecindario, donde quizá lo único bueno sea tener lejos a Pipón.
"El tiempo hacia atrás", resulta conmovedor. Dos secundarianas, Katiuska y Ana Masiel, deberán separarse por la inminente partida de la última, que habrá de convertirse en marielita, no sin antes ser humillada por sus condiscípulos, coaccionados para ello. Katiuska, pese a sentirse traicionada, tendrá un gesto de lealtad hacia su socia.

El volumen cierra con "La virgen se llama Juana", donde tres ancianas esperpénticas dan posada a un joven extranjero, quien pretende robarlas, sin imaginar su futuro infausto.
La agridulce cubanía en ¡Por culpa de Candela! , más allá del guaguancó, la cachondez irremediable y la ubicua Revolución –ya tan desgastada tras 50 años de haber irrumpido- sería, según la autora: “la soledad disfrazada tras la risotada burlona”.
Elena Méndez
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Teresa Dovalpage,
¡Por culpa de Candela!,
Floricanto Press,
Mountain View,
139 pp.

ESCRIBO QUE NO ESCRIBO: DIARIO DE LAS ESPECIES, DE CLAUDIA APABLAZA

Estamos en la época de las novelas híbridas; de las novelas que se niegan a sí mismas, como Diario de las especies, de Claudia Apablaza (Rancagua, 1978), editada en México por Jus y en Chile por Lanzallamas.
Novela híbrida por reunir en ella características propias del ensayo. Por basarse en los recursos del ciberespacio: específicamente, la creación de un blog, titulado, asimismo, Diario de las especies.
Dicho blog se constituye como un todo ubicuo y anónimo, pese a estar firmado por A.A. (Aurora Augé, heterónimo de Apablaza), aspirante a escritora de origen chileno, avecindada en Barcelona, quien asegura: “No creo en las fronteras (p. 13)”.
Resulta paradójico el hecho de que, si bien la red ha sido creada para comunicar a la humanidad, al mismo tiempo la aísla cada vez más. Así, la soledad de A.A. no deja de ser conmovedora: Especie de Bartleby recluida en una biblioteca que a su vez se halla dentro de otra, Barcelona, La Gran Biblioteca, como refiere que le llamaba su padre.
A.A. esboza, entonces, su poética sobre la novela, basándose en escritores que admira: Vila-Matas, Duras, Bolaño, Fresán… De este último rescata su planteamiento de la escritura de la novela como elección de una biografía, leitmotiv que permeará a lo largo del texto.
Niega teorías que da por superadas, como las del iceberg y la del knock-out, de Hemingway y Cortázar, respectivamente. Su mudanza a la Biblioteca parodia la idea woolfiana del cuarto propio.

La protagonista lleva otro blog, de manera paralela: mujerdegoma, compendio de relatos porno. Dichos blogs desatan enorme polémica entre sus lectores, algunos de ellos también dedicados a la literatura, como Personajefrustrado, quien comparte con A.A. el reiterado rechazo editorial a sus obras.
La permanente reflexión y búsqueda de la protagonista se entrelaza con el relato de su infancia, cuando era la niña de los sapos, exenta de tales preocupaciones.
Siempre está presente la idea del abandono. A.A., cual Bartleby, es consecuente con su afán de negación; desiste de sus intenciones creativas: “Ser persona es dejar de ser libro, de ser cita. Dejar de escribir. Yo nunca quise ser escritora. Yo no sé lo que es la literatura. Menos estar leyendo todo el día sumergida en una biblioteca” (p. 141).
En esta primera novela, Claudia Apablaza realiza un lúcido ejercicio sobre el rehusarse a la vocación para volver a lo humano. O, por qué no, a la condición animal. De ahí lo revelador, aunque enigmático, del título: Diario de las especies.

Elena Méndez

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Claudia Apablaza,
Diario de las especies,
Serie: Contemporáneos,
Editorial Jus,
México, 2008,
160 pp.

martes, 3 de febreiro de 2009

DOLOR PRESENTIDO: DESDE UNA PLATAFORMA EN MANHATTAN, DE MARICEL MAYOR MARSÁN

Maricel Mayor Marsán (Santiago de Cuba, 1952) ha publicado Desde una plataforma en Manhattan, antología poética donde reúne textos publicados entre 1986 y 2006.
La autora confiesa, como preludio a “Desde una plataforma en Church Street” (primera de las cinco partes que componen el libro), haber presentido, durante un viaje a Nueva York, que una tragedia ocurriría en las Torres Gemelas. Sus temores se confirmaron casi un año después, con el 9/11. Y de ese dolor presentido parte su lírica desgarrada, la nostalgia ante pérdidas abruptas, irremediables, como las de ‘George, el taxista’, un negro anciano de Harlem: “Él jura y perjura que las Torres eran su guía, / pero en su conversación me confía/que ha vuelto a ser el sostén de familia/desde aquel onceno día en que sus hijos se fueron”. (p. 30)
Lamenta en ‘El destino de un símbolo americano’, dedicado al arquitecto japonés Minoru Yamasaki, artífice de los otrora célebres edificios: “¡Oh, ideal del pueblo neoyorquino!/Las voces y los hechos se suman a la historia. Tus veintisiete años de gracia/nos dejan un enorme y solemne vacío.” (p. 33).
Acaso el leitmotiv sean las amargas despedidas. Esto es evidente en la segunda parte, “En el tiempo de los adioses”: desprenderse de la familia, la patria, el amor inconsciente. Del cuerpo que nos ha gestado. Del hogar, al iniciar la escuela. De los estudios. Más aún, de la vida. De la verdad: “no hay pobres sino personas de bajos recursos” (p. 60).
En el apartado “Errores y horrores” destaca ‘La visión de Picasso’, donde homenajea a las víctimas de la Guerra Civil Española, cuya devastación plasmó el pintor malagueño en su Guernica.
Otras infamias, como el derrocamiento del Zar y la subsecuente Revolución Rusa, el Muro de Berlín, el asesinato de Martin Luther King, Jr., el exilio de Antonio Machado -que lo condujo a la muerte-, la utilización de descubrimientos científicos para guerras nucleares y biológicas y el calentamiento global permean en estas páginas donde un clamor resuena: el ansia de paz.
“Un corazón dividido” constituye acaso la más íntima angustia de la poeta: su profundo desarraigo, tras abandonar su natal Cuba y emigrar a Estados Unidos.
Por último, en “Rostro cercano”, la impotencia se mezcla con la esperanza, como en ‘Circunstancias’: “A pesar de tantas angustias/aún se escriben poemas/en las horas del recuerdo y de la lucha” (p.91).
La grandeza del poeta Miguel Hernández vence a la tiranía: “Todas tus heridas te elevaron, gigante del verbo/ por tu cariño, tu devoción a la vida/en medio del arrullo de la muerte” (p. 101).
Y la amistad se ofrece como salvación: “Cuéntame todo, /que tu dolor sea mío, porque/ aquí te entrego mi mano de frente” (p. 111).
En Desde una plataforma en Manhattan Maricel Mayor Marsán vuelca, mediante lo autobiográfico, lo urbano, lo actual, su consternación ante un dolor presentido: el de saberse vivo en medio de la catástrofe.
Elena Méndez

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Maricel Mayor Marsán,
Desde una plataforma en Manhattan.
Antología poética 1986-2006
,
Col. Molinos de Viento, no. 140,
Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)/Ediciones Fósforo,
México, 2008, 111 pp.